* Guiados por educadoras en práctica de la UMCE, pequeños disfrutaron de un enriquecedor aprendizaje que los hizo sentirse como en casa.
Rancagua. Los insectos tienen muchas patas, las mariposas son más bellas cuando no están pinchadas por un alfiler, las caracolas maravillan de tan solo mirarlas y ¡qué entretenido es el museo cuando también hay tías como en el jardín infantil!
Pequeñas flechas verdes de cartulina adheridas al suelo marcan la ruta. ¡Ronda! La delegación de párvulos, arropada hasta las orejas porque el frío es de temer, se dispone en círculo junto a Daniela y Natalia, estudiantes en práctica de Educación Parvularia de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE).
Niños y niñas de los niveles medio menor y medio mayor del Jardín Capullito de Rancagua acuden al encuentro del mágico mundo de las conchas marinas, exhibidas por un coleccionista que ha invertido años en reunir ejemplares de distintos tamaños, texturas, formas, colores y procedencias.
Los chicos acercan sus rostros a los cristales que cubren los tesoros oceánicos, apegan los labios al vidrio produciendo un anillo de vapor y abren sus ojos en señal de asombro. Seguramente varios han visitado alguna playa, pero apuesto a que nunca vieron caracolas de semejantes dimensiones.
O no tuvieron la impactante visión de un pequeño pingüino embalsamado, un lobo de mar enseñando su desconocida e intimidante dentadura y mariposas de alas gigantes que surcan cielos de todo el mundo.
“Es una forma más lúdica de presentarles el museo y nuestro patrimonio cultural. Lo hacemos lo más dinámico posible. Partimos con juegos, luego pasamos al recorrido por la sala y después hacemos una actividad educativo artística relacionada con lo que se vio”, explica Daniela, sobre la tarea que desarrollan en el Museo Regional.
Los pequeños recorren la muestra sin restricciones y, acto seguido, se trasladan a un salón habilitado para realizar actividades didácticas. Allí protagonizan una experiencia interactiva al moldear en plasticina lo visto en la exhibición, pegando sus creaciones en un pequeño cuadrado de cartón que llevan a modo de recuerdo a la unidad educativa de origen.
Antes de despedirse, las tías Daniela y Natalia les obsequian una mariposa de goma eva invitándolos a regresar.
La directora regional (s) de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), Cecilia Jiménez Rodríguez, junto con agradecer la oportunidad brindada por el Museo Regional, indica que “actividades como ésta enriquecen los espacios educativos de niños y niñas que poco a poco se involucran con su medio ambiente, acercándose a hábitat mágicos e inimaginables para ellos desde su realidad local”.
“Al encontrar educadoras de párvulos en los museos, los niños y niñas aprenden de manera más lúdica y cercana, iniciativa y experiencia que deberíamos llevar a otros espacios públicos, añadió. Como JUNJI queremos siempre ofrecer a los párvulos alternativas pedagógicas y recreativas que enriquezcan el trabajo desarrollado en las aulas de nuestras unidades educativas”.